Cirugía del reflujo gastro-esofágico

¿Qué es una hernia de hiato?

Una hernia de hiato es el resultado del ascenso de una parte del estómago al tórax a través del hiato diafragmático. Se estima que hasta un 20% de la población puede sufrir hernia de hiato. Aunque la gran mayoría no experimentará síntomas, el resto pueden notar ardor, dolor de pecho, dificultad para tragar… Lo mejor es aprender a prevenirla. La hernia de hiato puede afectar a personas de cualquier edad pero a partir de los 50 años de edad es mucho más frecuente.

  • Envejecimiento, por la pérdida de tono de los ligamentos que rodean el hiato esofágico y la debilidad de la musculatura diafragmática.

  • Estrés

  • Tabaquismo y Alcohol: favorecen los síntomas por afectación del esfínter esofágico inferior, relajándolo de manera anómala.

  • Presión abdominal: Cualquier circunstancia que aumente de manera crónica la presión intraabdominal puede generar una hernia de hiato.

Las hernias de hiato suelen ser asintomáticas. Los síntomas son el resultado de la regurgitación del contenido del estómago hacia el esófago produciéndose una irritación. Pueden aparecer los siguientes síntomas:

  • Ardor (pirosis): el contenido ácido irrita las paredes del esófago, ocasionando molestias en la boca del estómago.

  • Dolor de pecho: si esa sensación de ardor alcanza zonas elevadas del esófago, el dolor puede sentirse más en la zona torácica que en la abdominal, confundiéndose con un dolor más alarmante, por ejemplo el del infarto de miocardio.

  • Dificultad a la hora de tragar (disfagia): la irritación de las paredes del esófago puede desencadenar una sensación de dificultad para tragar alimentos sólidos. A veces se asocia también a dolor en la zona faríngea (odinofagia).

  • Regurgitación y eructos: puede aparecer mal sabor de boca, mal aliento debido al contenido que refluye hasta la boca y aparición de eructos tras las comidas.

  • Tos: se produce al tumbarse después de las comidas por el ascenso del contenido gástrico y la irritación de la laringe.

  • Neumonía: el contenido ácido puede llegar de nuevo a la boca y ser aspirado, con entrada en los pulmones (broncoaspiración). Esto favorecería una infección respiratoria.

  • Esofagitis crónica: es causado por la acción del ácido sobre las paredes del esófago. Se conoce como “enfermedad por reflujo gastroesofágico” (ERGE) y suele ser un estadio previo al esófago de Barrett.

  • Esófago de Barrett: es secundario a la irritación constante que produce el contenido del estómago en el esófago. Produce cambios en la estructura de la pared esofágica. Se considera una complicación pre-maligna.

  • Cáncer de esófago: cuando no se toman medidas para frenar una esofagitis o un esófago de Barrett, la acción continuada del ácido puede llegar a originar un cáncer de esófago.

  • Historia clínica: los pacientes que acuden presentando síntomas típicos como regurgitación, ardor o disfagia (dificultad para tragar), deben ser sometidos a un estudio complementario para descartar una enfermedad por reflujo.

  • Esofago–gastro–duodenoscopia: permitirá visualizar las zonas de esófago irritadas por el ácido gástrico (esofagitis), su extensión, sus posibles complicaciones y permitirá incluso tomar biopsias de aquellas lesiones que pudieran haber malignizado por una exposición crónica al reflujo.

  • PH-metría de 24h: consiste en determinar el grado de acidez en el esófago procedente del estómago. Debe suprimirse cualquier protector gástrico que se esté tomando unos días antes del estudio.

  • Manometría esofágica: determina la motilidad del esófago, lo cual es importante para diagnosticar el origen del reflujo y poder elegir la cirugía más adecuada para el paciente.

  • Tránsito esofágico baritado: ayuda a delinear la anatomía del esófago. Es particularmente útil en pacientes que presentan una hernia de hiato de gran tamaño.

La gran mayoría de las hernias de hiato son asintomáticas y no requieren tratamiento. En caso de presentar síntomas, generalmente responden bien a los tratamientos farmacológicos, pero es importante también instaurar ciertas medidas dietéticas y de buenos hábitos:

1. Medidas higiénico–dietéticas:

  • Fiebre mayor de 38 grados durante la primera semana.

  • Hematoma que aumenta progresivamente o sangrado por una herida.

  • Dolor abdominal asociado a náuseas y vómitos.

  • Dificultad para tragar que le impida tomar incluso líquidos.

  • Dolor de las heridas que no se alivia con los medicamentos.

  • Incapacidad para orinar.

  • Tos persistente o dificultad para respirar.

  • Enrojecimiento alrededor de cualquiera de sus incisiones que empeora con el tiempo.

2. Tratamiento farmacológico:

  • Inhibidores de la bomba de protones (Omeprazol, Pantoprazol, Lansoprazol).

  • Antagonistas de la Histamina-2 (Ranitidina).

  • Procinéticos (Metoclopramida, Domperidona, Cisapride).

3. Tratamiento quirúrgico:

La cirugía de elección es la Funduplicatura tipo Nissen por vía laparoscópica.
Hay que valorar el tratamiento quirúrgico en los siguientes casos:

  • Fracaso del tratamiento farmacológico: mal control de los síntomas, persistencia de regurgitación, efectos secundarios de las pastillas, etc.

  • Voluntad del paciente a pesar de responder al tratamiento médico. Algunos pacientes no quieren tomar medicación de por vida con los gastos que conlleva.

  • Cuando surgen complicaciones: esófago de Barrett, úlcera estenótica, neumonía o tos crónica por micro aspiraciones, etc.

  • Después de la operación, será trasladado a la sala de recuperación donde será monitorizado durante 1-2 horas hasta que esté completamente despierto.

  • Una vez despierto tendrá que orinar, caminar y tolerar líquidos. Si el dolor está controlado con la analgesia pautada, se le enviará a casa.

  • Con cualquier operación de hernia se puede esperar algo de dolor, sobre todo durante las primeras 24 a 48 horas. Una vez en casa, tomando los calmantes durante 2–3 días, el dolor suele ser mínimo.

  • Con la reparación laparoscópica de la hernia, probablemente será capaz de volver a sus actividades normales en pocos días. Podrá realizar una actividad normal al cabo de unos 15 días.

  • Podrá ducharse desde el primer día de la cirugía siempre secando bien las heridas y curando con Betadine.

  • La revisión será en la consulta a la primera semana para ver la evolución y confirmar la curación de las heridas y la tolerancia oral.

  • Cualquier operación puede tener complicaciones, tanto abierta como laparoscópica. Las complicaciones principales son hemorragia e infección, que son poco comunes en la técnica laparoscópica.

  • Existe un riesgo muy bajo de lesión de otros órganos: bazo, intestino, vasos sanguíneos, nervios, etc.

  • Algunos pacientes tienen dificultad para tragar después de la cirugía y pueden requerir dieta líquida durante 2–3 semanas. En la gran mayoría de los pacientes esto se resolverá por sí solo y gradualmente.

  • Cada vez que se repara una hernia, existe el riesgo de que vuelva a salir. Esta tasa de recurrencia a largo plazo es baja en los pacientes que se someten a la reparación laparoscópica por un cirujano experimentado.

  • Es importante recordar que antes de someterse a cualquier tipo de cirugía, ya sea laparoscópica o abierta, usted debe preguntar a su cirujano acerca del procedimiento e interesarse por su experiencia.

Si durante el postoperatorio presenta alguno de estos síntomas deberá contactar con su cirujano y seguir sus indicaciones:

  • Fiebre mayor de 38 grados durante la primera semana.

  • Hematoma que aumenta progresivamente o sangrado por una herida.

  • Dolor abdominal asociado a náuseas y vómitos.

  • Dificultad para tragar que le impida tomar incluso líquidos.

  • Dolor de las heridas que no se alivia con los medicamentos.

  • Incapacidad para orinar.

  • Tos persistente o dificultad para respirar.

  • Enrojecimiento alrededor de cualquiera de sus incisiones que empeora con el tiempo.

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